95D/ 18° 29´ 6´´ N/ 99° 21´14´´W/ 06:30
Durante la madrugada una garza cuidaba mis sueños, pero buscaba algo para comer; una rata asediaba mi insomnio, ávida de algo que roer, los perros husmeaban la basura; mientras yo me fumaba un cigarro. Al amanecer me levanto; recojo mi gabán, mi sombrero y me cuelgo la mochila al hombro, empiezo a caminar, subo y bajo una y otra loma hasta llegar a un parardor, ya no tengo Delicados, hay un cobertizo donde venden refrescos, pido uno y salgo con comida y una bendición. Pido aventón a un camionero; son 30 km a la siguiente ciudad, una hora de camino. Al llegar me invaden tantos recuerdos, que casi siento nostalgia; hubiera deseado que estuvieras aquí (pero mejor no), el sol brilló con un calor suave, quize imaginar que me observabas y al igual que yo sonreías, sentí el transcurso de cada hora sin ansiedad, te pensaba y te bendecía, te recordaba y me alegraba de saber que en ese momento pudieras ser feliz; tan feliz como era yo al sonreir y ver tu rostro en el aire, en el cielo, en el sol y las hojas de los árboles. Llegó la tarde y al poco la noche, busqué un lugar donde dormir: encontré sitio en una banca, cobijado por una dama; al día siguiente había un camino que seguir.
Durante la madrugada una garza cuidaba mis sueños, pero buscaba algo para comer; una rata asediaba mi insomnio, ávida de algo que roer, los perros husmeaban la basura; mientras yo me fumaba un cigarro. Al amanecer me levanto; recojo mi gabán, mi sombrero y me cuelgo la mochila al hombro, empiezo a caminar, subo y bajo una y otra loma hasta llegar a un parardor, ya no tengo Delicados, hay un cobertizo donde venden refrescos, pido uno y salgo con comida y una bendición. Pido aventón a un camionero; son 30 km a la siguiente ciudad, una hora de camino. Al llegar me invaden tantos recuerdos, que casi siento nostalgia; hubiera deseado que estuvieras aquí (pero mejor no), el sol brilló con un calor suave, quize imaginar que me observabas y al igual que yo sonreías, sentí el transcurso de cada hora sin ansiedad, te pensaba y te bendecía, te recordaba y me alegraba de saber que en ese momento pudieras ser feliz; tan feliz como era yo al sonreir y ver tu rostro en el aire, en el cielo, en el sol y las hojas de los árboles. Llegó la tarde y al poco la noche, busqué un lugar donde dormir: encontré sitio en una banca, cobijado por una dama; al día siguiente había un camino que seguir.
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