Hace unos dias, o tal vez para ti unos meses; al amanecer, intentando dormir, escuché una vocesilla como de madera que me dijo -Soy el escarabajo de oro; te voy a contar un cuento que habla de un idioma que todos los seres del universo pueden entender; Había una vez un gran compositor, el más grande que pudo haber, así; escribió la más bella sinfonía que se ha podido crear, cuentan que tan bella es, que en las estrellas de noche se puede aún ver, que por ello los grillos y chicharras, lobos, coyotes y muchos cientos de animales hacen sonidos porque sus notas saben leer, que la noche es negra por que sólo en la obscuridad se puede entender, dicen los que asi saben, que también la escuchas; si cierras los ojos, te relajas y aprendes a escucharte respirar, a escucharte respirar...
Dicen que había una nota de entre tantos millones que eran; que no sabía si parte de ella quería ser, era una nota que se sentía rara para todas las demás (Aunque para ser ciertos, sólo a tres o cuatro de ellas les importaba o afectaba de verdad), a veces se comportaba como una octava de si, otras tantas como una sesentaycuatroava de sol, otras más un cuarto de mi, brincaba de línea en línea, de instrumento en instrumento porque- no sabía -se decia, porque la obra se llamaba "Armonía". Una nota cercana a ella que había sido sonada de forma magistral le hablo con voz suave, dulce y de manera que podemos decir, casí angelical- Tu puedes y vas a sonar como quieres, lo puedes porque para ello tienes un sonido y un valor, como todas nosotras; no depende del instrumento, el lugar, el músico y mucho menos el maestro que te creó, depende; si así lo quieres, de que quieras aprender a escucharte sonar, a escucharte sonar...-
Sé que en ese momento me quedé dormido porque el sueño siguiente fué de verdad tan nítido que aún recuerdo la hora, la fecha, el calor, las personas a quienes ví en él, recuerdo cada lugar, sin embargo puedo decir que el significado de cada detalle es lo que importa, porque ahora sé que hablaba de mi vida y de lo que vale, si quiero aprenderme a escuchar, a escucharme respirar...
Espero que algún día leas esto, porque el libro que leí la siguiente noche, es el mismo que tres o cuatro veces habia dejado pasar y ahora si todo salió bien; tienes en tus manos.
Quizá el Escarabajo tenga razón y es la música y no las matemáticas; el lenguaje universal